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23 septiembre, 2007 0 Comentarios

Entrevista a German Arrien

GERMÁN ARRIÉN /PORTAVOZ DE SLOW FOOD EN ESPAÑA «Nos resistimos a comer en 20 minutos o a devorar un bocadillo por la calle»

jueves, 25 de enero de 2007

I. López



Asturias cuenta desde esta semana con una delegación de Slow Food, la organización surgida hace veinte años en Italia para proteger los placeres de la mesa de la homogeneización de la comida rápida y de otros hábitos dietéticos de la vida moderna. «No estamos en contra de nada, pero nos resistimos a comer en 20 minutos o a devorar un bocadillo por la calle», afirma Germán Arrien, portavoz de Slow Food en España, para explicar la filosofía de esta asociación que cuenta con más de cien mil socios en un centenar de países y que, entre otras acciones, recupera y cataloga sabores olvidados y alimentos de excelencia reconocida en peligro de desaparición. Hasta la fecha, la escanda es el único producto asturiano incluido en ese Arca del Gusto, que cuenta en España con un grupo nacional presidido por Arrien, quien además representa a nuestro país en el comité internacional que decide la composición de ese particular tesoro gastronómico.

–¿Cuál podría ser el segundo producto asturiano distinguido por Slow Food?

–Prefiero delegar esa cuestión en los compañeros que acaban de poner en marcha la delegación de Asturias, pero creo que el gochu asturcelta puede ser un buen candidato. Asturias tiene un potencial impresionante en cuanto al tipo de producto que defendemos, que es el autóctono, hecho de forma artesanal por pequeños productores y en peligro de extinción. Pero el proceso para entrar en el Arca del Gusto es complejo e incluye estudios y deliberaciones antes de que el comité internacional lo apruebe, aunque el filtro más duro es el de la comisión nacional.

–¿Cree que todos los productos alimenticios en riesgo de desaparecer merecen ser rescatados?

–Evidentemente no todos. En nuestra organización tenemos en cuenta tres requisitos: el primero es que sea bueno, y cuando digo bueno me refiero a sus cualdiades organolépticas, a su sabor, a que sea rico, agradable al paladar; luego debe ser un producto limpio, que respete el medio ambiente y, por supuesto, nada de transgénico; y en último lugar debe ser justo, lo que significa que el pequeño productor debe recibir la compensación que merece por su trabajo.

–¿Puede parecer Slow Food un movimiento que está en contra del tiempo que vivimos?

–No somos una organización ‘en contra de’, sino ‘a favor de’, en este caso de reivindicar otro tipo de alimentación. Nos resistimos al movimiento de la vida rápida, del ‘fast food’, pero no sólo a eso, porque también nos resistimos a esa forma de comer rápido, en veinte minutos, o a ir por la calle a toda prisa, devorando un bocadillo de salchicha. No somos una organización política, ni ideológica, ni tampoco una onegé. Slow Food es una organización sin ánimo de lucro, abierta a todo el mundo, sin restricciones de ningún tipo, salvo una, la comercial, es decir que ningún socio puede hacer uso de interés comercial o industrial en las actividades que desarrolle con nosotros.

Hamburguesa industrial

–¿No tienen, entonces, nada en contra de las hamburguesas, las pizzas o los perritos calientes?

–Mi madre prepara unas hamburguesas fantásticas en casa. Ya le he dicho que no estamos ‘en contra de’, pero evidentemente una hamburguesa hecha en casa con carne de buena calidad y con cariño es un plato fantástico, mientras una hamburguesa industrial que se come igual en Bombay que en Moscú, que en San Sebastián o en Oviedo no nos merece mucho respeto.

–Slow Food considera imprescindible que los consumidores eduquemos nuestro gusto.

–Sí, porque así apreciaremos qué es lo que debemos comer. No es una cuestión sólo de los niños, también de los adultos. Todos debemos conocer a qué sabe una fresa de verdad o un tomate de verdad, y es mejor poder aprenderlo en la niñez, porque luego es difícil reciclarse. Por eso creemos que también la escuela debería involucrarse.

–¿Y cree que una asociación puede modificar hábitos alimenticios que se extienden por el mundo?

–Somos conscientes de la evolución, del funcionamiento industrial, del consumo masivo. Pero dentro de toda la tarta que supone el mercado mundial de la alimentación hay un cachito que corresponde a las personas que rechazan ese tipo de alimentación o de vida en general, y en ese cachito estamos los de Slow Food con otras organizaciones. No pretendemos luchar contra los gigantes de la distribución ni contra las multinacionales, pero sí estamos dispuestos a luchar por mantener lo que tenemos. Y también luchamos por la dignidad de los productores, el agricultor, el pescador, el ganadero, que no están lo suficientemente reconocidos y respetados.

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